Enrique Andrés Ruiz
Las gafas de Pelayo Ortega, o mejor dicho las lentes de esas gafas suyas, que tampoco es que sean ya de las que más se estilan, son gruesas y centrípetas; y a él lo vemos siempre, esté o no delante, tras esa grosura de cristal que hace ondas espirales hacia un nódulo, como un estanque al que se tira una piedra. En el fondo de ese túnel central por el que se hunde la piedra del estanque -es lo que quiero decir- no sabemos cómo son las cosas; sólo sabemos que hacia afuera el pintor no nos quiere dar más que sonrisas, pequeños placeres, cosas mínimas y efímeras como dádivas, como instantes luminosos y soleados envueltos en un celofán transparente. La ropa tendida, el barrendero en el contraluz de la primera mañana de domingo, un balcón que se abre a los tejados con chimeneas, los escaparates de las jugueterías, el ciclista por el adoquinado de un arrabal -seguro que portuario- en el que ha caído hace horas la lluvia, la mujer que tiende o sacude el mantel en la alta ventana que da a un solar de derribos... Son cosas bien pequeñas, provinciales, sin dueño conocido. Pero por lo pronto hace falta observarlas mucho y tenerlas muy observadas para luego irse a casa y saber cómo se hace con ellas ese juguete ("Intenta construir su cuadro como el artesano ha construido el juguete", decía de Pelayo Ortega, clavándolo, Juan Manuel Bonet) que está hecho para que sonría amablemente y se alegre calladamente el que mira, una vez que ha desenvuelto el celofán. Y esto, claro está, tiene y no tiene que ver mucho con la pintura. Debió haber un día, de hace ahora como veinte años, en el que Pelayo Ortega vio -gafas adentro- que todo esto -sonreir, callar, alegrarse, recibir gratis un don, gustar las cosas buenas, pasear bajo la enramada del otoño, dar en el corazón de los otros-, que todo esto tenía y no tenía que ver con la pintura. Con la pintura que se hacía entonces y la que se hace hoy y se hará siempre: la pintura hecha para lo otro, las cosas y asuntos de respeto, como el arte, o las personas intelectuales de respeto entre las que se incluyen los pintores y artistas a sí mismos, siempre por propia decisión. Por entonces, Pelayo hacía esa pintura que se hace siempre, más o menos, y se dio cuenta que una cosa era eso que se hace para ser pintor entre pintores y artistas, y otra pintar cómo y lo que verdaderamente él quería pintar, que venían a ser ya cosas que están como en el aire, de puro leves que son y fugaces, pero que él tenía muy observadas y que estaban muy humedecidas y melancolizadas por la lluvia recordada -desde Madrid y su arte- de su provincia de nacimiento, la lluvia de la memoria, que en la ausencia moja más y cala más heladoramente. Así que no fue extraño que otro buen día, cuando ya había pintado bastantes calles lluviosas y del recuerdo, con o sin ciclista, casi siempre nocturnas y de tiendas cerradas y de tonos ferruginosos, con muchos cafés casi vacíos y sombras con paraguas doblando esquinas, no fue extraño, decimos, que se volviera a su tierra. Y fue entonces cuando en su pintura comenzó a salir el sol y a verse los colores, cada vez más brillantes, con una pasta cada vez más espesa y apetitosa y como extendida geométricamente por las viñetas concisas, a la manera de las coberturas de las tartas en repostería. Y así debió ser como Pelayo Ortega dejó de mirar y de mirarse gafas adentro, con toda la angustia y la pesadez y la lluvia oxidada que hay siempre allí, para observar cada vez con mayor precisión y concisión los poquísimos elementos que cuentan de un instante para que sea posible hacerla ver a los otros iluminado por el sol y que los otros sientan y gocen de ese instante de gafas afuera. Con el tiempo, Pelayo Ortega es el pintor que mejor sabe observar esos mínimos elementos, esenciales y detonantes, tanto como un viñetista o un maestro gráfico, y luego ponerlos ahí -no del todo pintados, sino puestos, llevados allí- con esa pasta de buen tomo que es la cobertura de sus sonrientes espacios, anchos y suculentos, atravesados por unas pocas líneas muy decisivas y caviladas, como cavila el que arma un juguete para que funcione a la perfección.
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Enrique Andrés Ruiz
Santos Amestoy Cierta figuración que pertenece al orden del espacio perspectivista y tridimensional (quizás fuera mejor decir, como MerleauPonty, la perspectiva planimétrica) se superpone en estos cuadros al espacio de las dos dimensiones concretas; el espacio de la pintura que llamamos abstracta. Aquella en la que los presupuestos básicos o estructurales del cuadro se sujetan (y es costumbre que lo vengan cumpliendo, desde hace casi una centuria, numerosos pintores de diversos estilos, todos ellos abstractos) a la superficie objetiva del único plano real. Pero ya queda dicho que en estos cuadros de Pelayo Ortega también se nos ofrece la ilusión del espacio o el espacio de la ilusión. Su funcionamiento natural, el movimiento y espectáculo de su contingencia mundana; de la rivalidad y la concordia de las cosas representadas; de los objetos que hay que ver porque reclaman la convención óptica de un punto de vista como si se tratara del hallazgo y de la sugerencia de una tercera dimensión de lejanía o de profundidad. Una manera de percibir que, al propio tiempo, es puesta en entredicho no sólo en tanto que mera proyección plana de un esquema tridimensional, sino en virtud de la bidimensionalidad real de la pintura sobre la que viene a aposentar su instancia gráfica. Nada -salvo excepción- que más difiera de aquellos otros enunciados figurativos, pero abstractos, en los que el elemento iconográfico comparte el mismo plano y la misma condición dimensional con la totalidad del cuadro: como en Klee, como en las figuraciones emblemáticas de Adolph Gottlieb, en las "mujeres" de Willen de Kooning, en el último Philip Guston y, también, en ciertas construcciones de Torres García, cuyo eco, sin embargo, se ha dejado sentir en algunas figuras de dicción puramente orteguianas.
Pesquisa de recuerdos, regreso a la semilla; viaje de la memoria en dirección hacia la infancia; la de estas pinturas es la tarea secular de la modernidad. Ya Baudelaire había adelantado (como si conociera ya el camino de la memoria y de la Recherche proustiana) que "el genio no es más que la infancia recobrada a voluntad; la infancia que ahora para expresarse, se dota de órganos de adulta virilidad y del correspondiente espíritu analítico, el cual permite ordenar la suma de materiales involuntariamente amasada". Genio infantil; el genio-niño de Baudelaire y el niñodios de Juan Ramón. (Es):
Y también:
He aquí un programa tan atractivo como moderno. El viaje inverso del destino hacia la plenitud y hacia la libertad. Es como un Bildungsroman, una novela de formación, pero al revés, y de ella pueden extraerse algunas enseñanzas convenientes a un comportamiento artístico como al que estamos examinando. Si la conciencia es intencional (Husserl), quiere decirse que no se detiene en la imagen, sino que va más allá de ella misma y hacia lo que es "refigurado" por ella, pues el objeto la transciende siempre... En consecuencia, se trata de marcar la huella de la percepción, pero evitar la codificación de su registro; seguir el rastro de su espectáculo, sentir el temblor del azar... Dice al respecto Merleau-Ponty: "El dibujo ya no deberá leerse como hasta hace poco, la mirada ya no lo dominará (y) ya no buscaremos en él el placer de abarcar el mundo (...); por ello mismo, nos conducirá a la sustancia secreta del objeto del que hace un instante no teníamos más que la envoltura. La perspectiva planimétrica nos proporcionaba la finitud de nuestra percepción, proyectada, aplastada, convertida en prosa bajo la mirada de un dios; los medios de expresión de un niño, cuando se haya apoderado de ellos un artista en un verdadero gesto creador, nos ofrecerán por el contrario la resonancia secreta mediante la cual nuestra finitud se abre al ser del mundo y se hace poesía". ©
Santos Amestoy
1977. Galería Atalaya, Gijón. 1978. Galería Tassili, Oviedo. Sala de Exposiciones Nicanor Piñole, Gijón. Casa Municipal de Cultura, Avilés. 1983. ARTEDER'83, Bilbao. 1984. Museo de Bellas Artes de Asturias. Fundación-Museo Evaristo Valle, Gijón. Galería Cornión, Gijón. Museo de Bellas Artes, Santander. 1985. Galería Cornión, Gijón. 1987. Crepuscular Galería Décaro, Gijón. 1989. Fundación-Museo Evaristo Valle, Gijón. Escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, Oviedo. 1990. Salas de Exposiciones de la Obra Social y Cultural de Caja de Asturias. 1991. La Provincia Blanca Galería Buades, Madrid. Galería Cornión, Gijón. 1992. Exposición retrospectiva La Provincia (1986-1991) Museo de Teruel y Museo Jovellanos de Gijón. Exposición con motivo de la obtención del Primer Premio de Pintura Festivales de Navarra Pabellón de Mixtos de la Ciudadela, Pamplona. 1993. Galería Siboney, Santander. Galería Cornión, Gijón. Isla Galería El Caballo de Troya, Madrid. 1994. Galería Arco Romano, Medinaceli (Soria). Semblanza de Gijón Exposición-Homenaje a Francisco Carantoña Sala de Exposiciones del Centro Asturiano de Madrid. 1995. Galería Siboney, Santander. Exposición Homenaje del Certamen Nacional de Pintura de Luarca: Ayuntamiento de Valdés, Salas de Exposiciones de la Obra Social y Cultural de Caja Asturias y Casa Municipal de Cultura de Avilés. 1996. Galería Buades, Madrid. 1997. Galería My Name's Lolita Art, Valencia. 1998. Pelayo Ortega, pinturas para un centenario Centro de Esculturas de Candás - Museo Antón, Asturias. 1999. Obra reciente Galería Marlborough, Madrid. 2001. El campo de la pintura 1999-2001 Galería Marlborough, Madrid. 2002. XXV Aniversario Galería Arco Romano, Medinaceli (Soria). 2002. Confesiones Galería Marlborough, Madrid. Galería Cornóin, Gijón.
2003. Art Espagnol Contemporain Marlborough, Mónaco. Pieza a pieza itinerante por las salas del Instituto Cervantes. Habitar la pintura. Seis miradas desde Gijón Centro de Cultura Antiguo Instituto y Museo Nicanor Piñole, Gijón. 2002. Arco'02 Madrid, Galería Marlborough, Nueva York. Todos los caminos... 25 Aniversario Galería Arco Romano Medinaceli (Soria). Figuras. Visiones del arte contemporáneo Centro Cultural Puerta Real Granada, Galería Marlborough y Fundación Caja Granada. En grupo Galería Cornión, Gijón. 2001. Arco'01 Madrid, Galería Marlboroug, Nueva York. Marlborough en Vértice Galería Vértice, Oviedo. Artistas asturianos en Arco Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. 2000. Arco'00 Madrid, Marlborough Gallery, Nueva York. Propios y extraños Galería Marlborough, Madrid. Garaje (la imagen del automóvil en la pintura del siglo XX) Fundación Eduardo Barreiros, Fundación Carlos de Amberes y Centro Gallego de Arte Contemporáneo. Arte asturiano contemporáneo en las colecciones del Museo Evaristo Valle, Gijón. Colección Coca-Cola, Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid, e itinerante por diversas salas y museos españoles. 1999. Arco'99 Madrid, Marlborough Gallery, Nueva York. Grand d'Espagne. De Picasso a Barceló Chateau de Villeneuve. Art Moderne et Contemporain, Vence (Francia). Propios y extraños Galería Marlborough, Madrid. Canción de las figuras (antología de la pintura figurativa española entre dos siglos) Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid e itinerante por salas y museos internacionales. 1998-1999. Una experiencia litográfica Museo Casa Natal de Jovellanos, Gijón. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. Salas de Exposiciones de Cajastur. Museo de la Calcografía Nacional, Madrid. Invitado, Evaristo Val/e FundaciónMuseo Evaristo Valle, Gijón. Tintín y el arte alfa Galería Nágera, Madrid. 1998. Centro Cultural Cajastur Palaci de Revillagigedo, Gijón. Arco'98 Galería Marlborough de Madrid y Galería Cornión de Oviedo. La mar en un espejo Museo Casa Natal de Jovellanos, Gijón. La montaña en la pintura asturiana Centro de Escultura de Candás-Museo Antón. 1997. Arco'97 Madrid Galería Cornión, Gijón. La montaña en la pintura asturiana Fundación-Museo Evaristo Valle, Gijón. La mar en un espejo Centro de Escultura de Candás-Museo Antón. La infancia del arte Sala Amós Salvador, Logroño. Manolo Prieto y el toro de Osborne Sala de Exposiciones Cardenal Sal azar de Córdoba, Crucero del Hospital Real de Granaday Pabellón de Mixtos de la Ciudadela de Pamplona. IX Bienal Nacional de Pintura La Carbonera, Langreo (Asturias). VI Bienal "Ciudad de Pamplona". VI Certamen Nacional La gastronomía en la pintura Otur-Valdés (Asturias). I Certamen Nacional de Pintura sobre la Mar Museo Marítimo de Asturias, Luanco. 1996. Arco'96 Madrid Galería Cornión, Gijón. La infancia en el Arte Museo de Teruel. Colección Caja de Asturias Sala de Exposiciones de Caja Asturias, Oviedo. Manolo Prieto y el toro de Osborne Sala de Exposiciones de la Comunidad de Madrid y Museo Provincial de Jaén. Pintores asturianos nacidos en las décadas 40 y 50 Museo Barjola, Gijón. Antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid. 1995. Arco'95 Madrid Galería Cornión, Gijón. Foro Atlántico de Arte Contemporáneo, Galería Siboney, Santiago de Compostela. V Bienal "Ciudad de Pamplona". V Certamen Nacional La gastronomia en la pintura Otur-Valdés (Asturias). En las nubes Galería Cornión, Gijón. Recordatorio y proyecto Galería Arco Romano, Medinaceli (Soria). Manolo Prieto y el toro de Osborne Claustro del Palacio de la Diputación Provincial de Cádiz, Sala de Exposiciones del Convento de Santa Inés de Sevilla y Placio episcopal de Málaga. 1994. Arco'94 Madrid Galería Cornión, Museo de Teruel y Unión Fenosa. III Bienal Martínez Guerricabeitia, Valencia. Gijón Sur-Mer Galería Cornión, Gijón. El color de los sueños Galería Jorge Mara, Madrid. 1993. Arco'93 Madrid Galería Cornión, Gijón. 10+10 Fundación-Museo Evaristo Valle, Gijón. III Mostra Unión Fenosa, La Coruña. Toros por la Gran Via Galería Buades, Madrid. De buena estampa (obra gráfica actual) Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias, Oviedo. El cuarto de estar Galería Siboney, Santander. 1992. Col/age de collages Galería El Caballo de Troya, Madrid. Galería de mutuos retratos Galería Cornión, Gijón. Dis Ber/in, Juan Correa, José Manuel Calzada, Antonio Rojas y Pelayo Ortega Galería Arco Romano, Medinaceli (Soria). 1991. Muetra Neometafísica El retorno del hijo pródigo Galería Buades de Madrid y Contraparada de Murcia. Premio de Pintura "Festivales de Navarra", Pamplona. Premio de Pintura "Santa Lucía" Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Exposición Becarios de Endesa Centre d'Art Santa Mónica, Barcelona. 1990. Arco'90 Madrid, Galería Cornión, Gijón. I Bienal Tanqueray de Artes Visuales Centro Cultural Conde Duque, Madrid. 1988. Nuevos paisajes de Asturias Sociedad Nacional de Bellas artes Calouste Gulbenkian, Lisboa. II Bienal Nacional de Arte "Ciudad de Albacete". 1987. Nuevos paisajes de Asturias Sala de Exposiciones del Monte de Piedad, Madrid. La pintura en las colecciones de las Cajas de Ahorros Confederadas Centro Cultural Caja Canarias, Tenerife. 1986. Arco'86 Madrid, Galería Cornión, Gijón. Inauguración del Museo de Dibujo Castillo de Larres, Huesca. 1985. Arco'85 Galería Línea, Madrid. 1984. IV Bienal Nacional de Arte "Ciudad de Oviedo". 1983. Arte asturiano de hoy Museo Municipal, Madrid. 1982. III Bienal Nacional de Arte "Ciudad de Oviedo". Muestras Museo Casa Natal de Jovellanos, Gijón. 1981. Melquiades Alvarez, Alejandro Corominas y Pelayo Ortega Galería Amadís, Madrid. Panorama 81 del Arte Asturiano Círculo de Bellas Artes, Madrid. 1979. II Bienal Nacional de Arte "Ciudad de Oviedo". 1978. 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